martes, 29 de abril de 2008

Cómo comunicar eficazmente convicciones cristianas

Una comunicación cristiana eficaz debe atender a la consistencia de las ideas, más que a intenciones individuales o argumentaciones dialécticas, advierte monseñor Ángel Rodríguez Luño en el seminario internacional que celebra, en Roma, la Pontificia Universidad de la Santa Cruz.

«Si queremos dar una pequeña aportación a la gran tarea de iluminar el mundo de la comunicación y de la cultura con la luz del Evangelio, es necesario empeñarse para que la oscuridad del adversario, si la hubiera, no quite a nuestras palabras y actitudes la luminosidad que brota del mensaje cristiano, que está hecho de amor a la libertad, búsqueda sincera de la verdad, respeto a la autonomía de las cosas temporales, atención a la consistencia objetiva de las críticas y amistad magnánima hacia todas las personas».

El aborto no es un derecho explica la Santa Sede al Consejo de Europa

El aborto no es un derecho, ha afirmado un representante de la Santa Sede en las páginas del diario vaticano, comentando la decisión de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa que reconoce con este título esta práctica.
La Asamblea aprobó el 16 de abril pasado la resolución 1607 con la que invita a los 47 Estados miembros a orientar, allí donde sea necesario, la propia legislación, de manera que se les garantice a las mujeres «el derecho de acceso al aborto seguro y legal».
El obispo Elio Sgreccia, presidente de la Academia Pontificia para la Vida, en un artículo publicado en «L'Osservatore Romano», muestra cómo la resolución sobre el aborto del Consejo de Europa, con algunos principios compartibles, contiene una afirmación contraria a los derechos humanos.
«Es la primera vez que un documento oficial del Consejo de Europa», constata monseñor Sgreccia, «habla del aborto como un "derecho"».
El prelado considera que es un salto de calidad para quienes promueven esta práctica, pues «desde el punto de vista legislativo una cosa es permitir o despenalizar el aborto, bajo ciertas condiciones, y otra muy diferente es definirlo como un "derecho", al que lógicamente le debería seguir también un "deber" de tutela del mismo». «Pero, ¿se puede verdaderamente defender un "derecho al aborto"? --se pregunta--. ¿Cómo podría justificarse el derecho a interrumpir la vida de un ser humano inocente y además débil e indefenso?».