Por P. José Juan García
No había pasado un año todavía de pontificado y Benedicto XVI ya se ha encontrado tres veces con significativos representantes del mundo judío. La primera vez, en la histórica Sinagoga de Colonia, en Alemania, cuando visitara esa ciudad con motivo de la Jornada Mundial de los Jóvenes. Hizo un alto en el camino y fue recibido con afecto y calor en la reconstruida sinagoga, que en 1938 fuese destruida por los nazis y reinaugurada en 1959. En la época del furor nazista, allí murieron más de 7000 judíos en lamentable persecución.
En el pasado mes de septiembre de 2005, el Vaticano fue sede de un importante encuentro del Papa con 40 rabinos jefes provenientes de Israel.
Luego el pasado lúnes 16 de enero de 2006, el Papa ha recibido en su casa al rabino capo de Roma, el médico cardiólogo Ricardo Di Segni y sus colaboradores. Un encuentro cordial, amable. Como en encuentros anteriores, el Papa se ha hecho intérprete de los sentimientos que animan al mundo católico en relación con aquellos a quienes Juan Pablo II llamaba “nuestros hermanos mayores en la fe”.
“Sí, nosotros los amamos y no podemos no amarnos, a causa de los Padres, y por ellos ustedes son para nosotros queridísimos y predilectos hermanos. Después del Concilio Vaticano II, ha ido creciendo esta estima y recíproca confianza. Y se han desarrollado contactos siempre más fraternos y cordiales, intensificados a lo largo del pontificado de mi venerado predecesor”, ha afirmado el Papa Ratzinger.
Todo esto, prosigue el Papa, nos vuelve a nosotros cristianos, que “juntos a ustedes, tenemos la responsabilidad de cooperar al bien de todos los pueblos, en la justicia y en la paz, en la verdad y en la libertad, en la santidad y en el amor”. Y es a la luz de esta común misión, por lo que no podemos renunciar a combatir con decisión el odio y la incomprensión y las violencias. “En tal contexto, como no estar dolidos y preocupados por las renovadas manifestaciones de antisemitismo que aún se registran?”
No olvidemos que el pueblo de Israel ha sido liberado en numerosas ocasiones de sus enemigos, y es ese mismo Israel quien ha sabido reconocer en Dios, su fiel protector y guía, providente Padre y fiel amigo. Ante los actuales desafíos, la fuerza de Dios no se ocultará ante nuestros ojos. “Son tantas las urgencias y desafíos – ha dicho el Papa- que reclaman unir nuestras manos y nuestros corazones en concretas iniciativas de solidaridad, de justicia y de caridad. Juntos podemos colaborar en trasmitir la antorcha del Decálogo y de la esperanza a las jóvenes generaciones”.
De aquí la necesidad impostergable de profundizar los caminos andados en el diálogo judeo- cristiano. Las religiones del Libro no pueden detenerse en el ayer, sino privilegiar el mañana, cargado de jugosas y prometedoras esperanzas de comunión.Como gesto recíproco, el rabino de roma, Ricardo Di Segni, ha invitado al Papa a visitar la Sinagoga para abril del año 2006 , con ocasión de cumplirse los veinte años de la primer histórica visita de Juan Pablo II. Encuentros ejemplares. Encuentros fraternos.
No había pasado un año todavía de pontificado y Benedicto XVI ya se ha encontrado tres veces con significativos representantes del mundo judío. La primera vez, en la histórica Sinagoga de Colonia, en Alemania, cuando visitara esa ciudad con motivo de la Jornada Mundial de los Jóvenes. Hizo un alto en el camino y fue recibido con afecto y calor en la reconstruida sinagoga, que en 1938 fuese destruida por los nazis y reinaugurada en 1959. En la época del furor nazista, allí murieron más de 7000 judíos en lamentable persecución.
En el pasado mes de septiembre de 2005, el Vaticano fue sede de un importante encuentro del Papa con 40 rabinos jefes provenientes de Israel.
Luego el pasado lúnes 16 de enero de 2006, el Papa ha recibido en su casa al rabino capo de Roma, el médico cardiólogo Ricardo Di Segni y sus colaboradores. Un encuentro cordial, amable. Como en encuentros anteriores, el Papa se ha hecho intérprete de los sentimientos que animan al mundo católico en relación con aquellos a quienes Juan Pablo II llamaba “nuestros hermanos mayores en la fe”.
“Sí, nosotros los amamos y no podemos no amarnos, a causa de los Padres, y por ellos ustedes son para nosotros queridísimos y predilectos hermanos. Después del Concilio Vaticano II, ha ido creciendo esta estima y recíproca confianza. Y se han desarrollado contactos siempre más fraternos y cordiales, intensificados a lo largo del pontificado de mi venerado predecesor”, ha afirmado el Papa Ratzinger.
Todo esto, prosigue el Papa, nos vuelve a nosotros cristianos, que “juntos a ustedes, tenemos la responsabilidad de cooperar al bien de todos los pueblos, en la justicia y en la paz, en la verdad y en la libertad, en la santidad y en el amor”. Y es a la luz de esta común misión, por lo que no podemos renunciar a combatir con decisión el odio y la incomprensión y las violencias. “En tal contexto, como no estar dolidos y preocupados por las renovadas manifestaciones de antisemitismo que aún se registran?”
No olvidemos que el pueblo de Israel ha sido liberado en numerosas ocasiones de sus enemigos, y es ese mismo Israel quien ha sabido reconocer en Dios, su fiel protector y guía, providente Padre y fiel amigo. Ante los actuales desafíos, la fuerza de Dios no se ocultará ante nuestros ojos. “Son tantas las urgencias y desafíos – ha dicho el Papa- que reclaman unir nuestras manos y nuestros corazones en concretas iniciativas de solidaridad, de justicia y de caridad. Juntos podemos colaborar en trasmitir la antorcha del Decálogo y de la esperanza a las jóvenes generaciones”.
De aquí la necesidad impostergable de profundizar los caminos andados en el diálogo judeo- cristiano. Las religiones del Libro no pueden detenerse en el ayer, sino privilegiar el mañana, cargado de jugosas y prometedoras esperanzas de comunión.Como gesto recíproco, el rabino de roma, Ricardo Di Segni, ha invitado al Papa a visitar la Sinagoga para abril del año 2006 , con ocasión de cumplirse los veinte años de la primer histórica visita de Juan Pablo II. Encuentros ejemplares. Encuentros fraternos.