Por el Pbro. José Juan García
Pavel Aleksandrovic Florenskij es una de las figuras principales del pensamiento religioso ruso, hoy redescubierto en Europa y el mundo, después de más cincuenta años de olvido. Florenskij es ante todo un filósofo de la ciencia, ingeniero electrónico, epistemólogo, filósofo de la religión y teólogo.
Diversos pensadores hablan de él como el “Pascal ruso”, y Juan Pablo II lo menciona explícitamente entre los grandes filósofos y teólogos del siglo pasado en la carta encíclica “Fe y Razón” n 74.
Nacido en Azerbaigian – Rusia- en 1883, alcanza su título universitario en Matemática y Física en la Universidad de Moscú en 1904. Luego se inscribe en la Academia Teológica de Moscú y luego de unos años de estudio, presenta su tesis sobre “La Iglesia en la Sagrada Escritura”. Allí hay trazos acerca de la Iglesia, cuerpo de comunión que brota del misterio de la Ssma. Trinidad, que anticipan líneas que luego son explícitas en los documentos del concilio Vaticano II.
Comienza a gestar la idea - fuerza de querer dedicar su vida a realizar una síntesis entre mundo eclesial y cultura universal, “hacer confluir la entera enseñanza de la Iglesia en una visión filosófico-científica y artística del mundo”.
En 1910 fue consagrado presbítero ortodoxo e inicia en la Universidad el dictado de clases de Filosofía. Un sano realismo ontológico inspira su pensamiento, en contraposición al idealismo y al subjetivismo. Su puntote partida: el hombre conoce el ser y la verdad de las cosas. Dicha verdad no es ´creada´ por cada sujeto, sino descubierta por él. Desde ahí comienza la reflexión.
Desde 1911 hasta 1917 dirige la prestigiosa revista “El Mensajero Teológico”, renovando su metodología y contenidos.
Pero su vida –como la de los santos- conocería el camino de la cruz. Después de la revolución de 1917, nuestro autor decide hacer resistencia no tomando el exilio sino quedándose en Rusia. A inicios de 1920, Florenskij es arrestado por ser considerado “un oscurantista, un amenaza para el poder soviético” y condenado a tres años de prisión. Pero antes del año vuelve a Moscú, libre y decidido a continuar con la docencia filosófica y teológica. Pero en 1933 es arrestado de nuevo por sus firmes ideas religiosas, lejanas a la increencia. Es condenado a 10 años de cárcel en la Siberia, en el primer “gulag” creado y que había sido antes un monasterio. Una acusación infame, de dar ayuda a otros presos para escapar de aquel infierno, lo vuelve blanco de condena a muerte. Así es fusilado el 8 de diciembre de 1937. Antes de morir escribe: “El destino de la grandeza (léase el destino de la santidad) es el sufrimiento. Sea el exterior o el interior. Cuanto más desinteresado es el don, más crueles son las persecuciones”.
Veamos que las ideas de este teólogo de inicios de siglo, son las mismas que hoy tenemos como claves de la evangelización: iluminar la cultura desde la fe, unir sin confundir Atenas y Jerusalén, arte y evangelio, movimientos sociales y semillas del Verbo.
Otra idea no menor: el hombre en cuanto persona humana, es relación con Dios, los otros y el mundo. “El hombre es parte del mundo, y es complejo cuanto lo es el mundo. También el mundo es complejo cuanto lo es el hombre”. (Microcosmos y macrocosmos, 1926).
Un teólogo amigo suyo, Sergei Bulgakov decía: “Padre Pavel para mí no era sólo un fenómeno de genialidad, sino también una obra de arte. La actual obra del padre Pavel no son tanto los libros escritos por él, sus ideas y palabras, sino él mismo, su misma vida”.
Ojalá pudiéramos descubrir a este pensador, ahora que se están traduciendo sus obras al español, y de la mano de su pensamiento, nos acerquemos a la riqueza que nos brinda Oriente. Como quería el recordado Juan Pablo II, la Iglesia universal, católica, en el tercer milenio, “ha de volver a respirar con los dos pulmones, oriente y occidente”.
Pavel Aleksandrovic Florenskij es una de las figuras principales del pensamiento religioso ruso, hoy redescubierto en Europa y el mundo, después de más cincuenta años de olvido. Florenskij es ante todo un filósofo de la ciencia, ingeniero electrónico, epistemólogo, filósofo de la religión y teólogo.
Diversos pensadores hablan de él como el “Pascal ruso”, y Juan Pablo II lo menciona explícitamente entre los grandes filósofos y teólogos del siglo pasado en la carta encíclica “Fe y Razón” n 74.
Nacido en Azerbaigian – Rusia- en 1883, alcanza su título universitario en Matemática y Física en la Universidad de Moscú en 1904. Luego se inscribe en la Academia Teológica de Moscú y luego de unos años de estudio, presenta su tesis sobre “La Iglesia en la Sagrada Escritura”. Allí hay trazos acerca de la Iglesia, cuerpo de comunión que brota del misterio de la Ssma. Trinidad, que anticipan líneas que luego son explícitas en los documentos del concilio Vaticano II.
Comienza a gestar la idea - fuerza de querer dedicar su vida a realizar una síntesis entre mundo eclesial y cultura universal, “hacer confluir la entera enseñanza de la Iglesia en una visión filosófico-científica y artística del mundo”.
En 1910 fue consagrado presbítero ortodoxo e inicia en la Universidad el dictado de clases de Filosofía. Un sano realismo ontológico inspira su pensamiento, en contraposición al idealismo y al subjetivismo. Su puntote partida: el hombre conoce el ser y la verdad de las cosas. Dicha verdad no es ´creada´ por cada sujeto, sino descubierta por él. Desde ahí comienza la reflexión.
Desde 1911 hasta 1917 dirige la prestigiosa revista “El Mensajero Teológico”, renovando su metodología y contenidos.
Pero su vida –como la de los santos- conocería el camino de la cruz. Después de la revolución de 1917, nuestro autor decide hacer resistencia no tomando el exilio sino quedándose en Rusia. A inicios de 1920, Florenskij es arrestado por ser considerado “un oscurantista, un amenaza para el poder soviético” y condenado a tres años de prisión. Pero antes del año vuelve a Moscú, libre y decidido a continuar con la docencia filosófica y teológica. Pero en 1933 es arrestado de nuevo por sus firmes ideas religiosas, lejanas a la increencia. Es condenado a 10 años de cárcel en la Siberia, en el primer “gulag” creado y que había sido antes un monasterio. Una acusación infame, de dar ayuda a otros presos para escapar de aquel infierno, lo vuelve blanco de condena a muerte. Así es fusilado el 8 de diciembre de 1937. Antes de morir escribe: “El destino de la grandeza (léase el destino de la santidad) es el sufrimiento. Sea el exterior o el interior. Cuanto más desinteresado es el don, más crueles son las persecuciones”.
Veamos que las ideas de este teólogo de inicios de siglo, son las mismas que hoy tenemos como claves de la evangelización: iluminar la cultura desde la fe, unir sin confundir Atenas y Jerusalén, arte y evangelio, movimientos sociales y semillas del Verbo.
Otra idea no menor: el hombre en cuanto persona humana, es relación con Dios, los otros y el mundo. “El hombre es parte del mundo, y es complejo cuanto lo es el mundo. También el mundo es complejo cuanto lo es el hombre”. (Microcosmos y macrocosmos, 1926).
Un teólogo amigo suyo, Sergei Bulgakov decía: “Padre Pavel para mí no era sólo un fenómeno de genialidad, sino también una obra de arte. La actual obra del padre Pavel no son tanto los libros escritos por él, sus ideas y palabras, sino él mismo, su misma vida”.
Ojalá pudiéramos descubrir a este pensador, ahora que se están traduciendo sus obras al español, y de la mano de su pensamiento, nos acerquemos a la riqueza que nos brinda Oriente. Como quería el recordado Juan Pablo II, la Iglesia universal, católica, en el tercer milenio, “ha de volver a respirar con los dos pulmones, oriente y occidente”.