Por P. José Juan García
No todo es verdad en el campo de las investigaciones científicas. Máxime cuando el sensacionalismo y la primicia presiden las tareas y preocupaciones. En el segundo semestre del año pasado, un equipo de investigadores, liderados por Woo Suk Hwang de la Universidad Nacional de Seúl, anunciaba triunfalmente la clonación de embriones humanos, de los que extrajeron células madre, informaba el diario New York Times. Así, se produjeron seres humanos con el fin de la así llamada “clonación terapéutica”, o sea, con el fin no de producir bebés sino una línea de células madre como fuente de células que previniesen enfermedades degenerativas (Parkinson, Althzeimer, etc.)
Pero el 12 de noviembre pasado, el diario Washington Post informaba que un investigador de la Universidad de Pittsburg, Gerald Schatten, había declarado que se retiraría del equipo de científicos coreanos debido a las lagunas éticas y a las mentiras sobre los procedimientos. Hwang usó óvulos de una joven investigadora de su laboratorio, cosa que es contrario a las normas morales. Otro investigador, Sung II Roh, admitió que había pagado a mujeres por los óvulos utilizados en los experimentos. Hwang negó esta versión, pero después se vio obligado a admitirla públicamente.
Pero las cosas fueron más lejos: tanto Sung como Schatten, para fin de año pasado, declararon que nueve de las líneas de células madres proclamadas por Hwang habían sido en realidad falsificadas, y se dudaba de la autenticidad de las otras dos. La Universidad Nacional de Seúl confirmó estas acusaciones y Hwang dimitió como profesor. Una semana más tarde, las autoridades de dicha universidad declararon que, además de la falsificación de los datos del documento publicado en “Science”, el equipo de Hwang tampoco fue capaz de proporcionar evidencia que probaran su afirmación de haber producido células madre embrionales modificadas.
Cabe citar un escrito editorial del 4 de junio de 2005 de la prestigiosa revista británica “Lancet”, en la que dice que “no estará disponible terapia segura y eficaz de células madre hasta dentro de una década, y posiblemente más”. El editorial comparaba esta perspectiva con los sensacionalismos periodísticos coreanos.
Lord Robert Wiston, científico inglés de reconocida fama, escribió un artículo en el periódico “Independent” , en el que criticó el “cuento” de las células madres. “No creo que sea verosímil que, hasta dentro de mucho tiempo, las células madres de embriones estén disponibles para ser utilizadas en cuidados sanitarios”. Una cachetada académica a Hwang, por cierto.
Todo esto lleva a pensar que la ciencia nunca puede divorciarse de la ética. La vida humana en sus primeras etapas no puede ser objeto de manipulación arbitraria. Ni siquiera pensado que será para un bien futuro, pues no se puede proceder por un camino de muertes humanas para llevar ventaja eventualmente en un futuro. Una vez más, el fin no justifica cualquier medio. El fin ha de ser bueno y los medios usados también. La clonación es una metodología inmoral, pues la persona humana es siempre única, original, irrepetible, singular.El embrión tiene estatuto personal. Le asiste por tanto, la inviolabilidad que le concede su propia dignidad humana. ¿Lo reconocerá por fin la ciencia?
No todo es verdad en el campo de las investigaciones científicas. Máxime cuando el sensacionalismo y la primicia presiden las tareas y preocupaciones. En el segundo semestre del año pasado, un equipo de investigadores, liderados por Woo Suk Hwang de la Universidad Nacional de Seúl, anunciaba triunfalmente la clonación de embriones humanos, de los que extrajeron células madre, informaba el diario New York Times. Así, se produjeron seres humanos con el fin de la así llamada “clonación terapéutica”, o sea, con el fin no de producir bebés sino una línea de células madre como fuente de células que previniesen enfermedades degenerativas (Parkinson, Althzeimer, etc.)
Pero el 12 de noviembre pasado, el diario Washington Post informaba que un investigador de la Universidad de Pittsburg, Gerald Schatten, había declarado que se retiraría del equipo de científicos coreanos debido a las lagunas éticas y a las mentiras sobre los procedimientos. Hwang usó óvulos de una joven investigadora de su laboratorio, cosa que es contrario a las normas morales. Otro investigador, Sung II Roh, admitió que había pagado a mujeres por los óvulos utilizados en los experimentos. Hwang negó esta versión, pero después se vio obligado a admitirla públicamente.
Pero las cosas fueron más lejos: tanto Sung como Schatten, para fin de año pasado, declararon que nueve de las líneas de células madres proclamadas por Hwang habían sido en realidad falsificadas, y se dudaba de la autenticidad de las otras dos. La Universidad Nacional de Seúl confirmó estas acusaciones y Hwang dimitió como profesor. Una semana más tarde, las autoridades de dicha universidad declararon que, además de la falsificación de los datos del documento publicado en “Science”, el equipo de Hwang tampoco fue capaz de proporcionar evidencia que probaran su afirmación de haber producido células madre embrionales modificadas.
Cabe citar un escrito editorial del 4 de junio de 2005 de la prestigiosa revista británica “Lancet”, en la que dice que “no estará disponible terapia segura y eficaz de células madre hasta dentro de una década, y posiblemente más”. El editorial comparaba esta perspectiva con los sensacionalismos periodísticos coreanos.
Lord Robert Wiston, científico inglés de reconocida fama, escribió un artículo en el periódico “Independent” , en el que criticó el “cuento” de las células madres. “No creo que sea verosímil que, hasta dentro de mucho tiempo, las células madres de embriones estén disponibles para ser utilizadas en cuidados sanitarios”. Una cachetada académica a Hwang, por cierto.
Todo esto lleva a pensar que la ciencia nunca puede divorciarse de la ética. La vida humana en sus primeras etapas no puede ser objeto de manipulación arbitraria. Ni siquiera pensado que será para un bien futuro, pues no se puede proceder por un camino de muertes humanas para llevar ventaja eventualmente en un futuro. Una vez más, el fin no justifica cualquier medio. El fin ha de ser bueno y los medios usados también. La clonación es una metodología inmoral, pues la persona humana es siempre única, original, irrepetible, singular.El embrión tiene estatuto personal. Le asiste por tanto, la inviolabilidad que le concede su propia dignidad humana. ¿Lo reconocerá por fin la ciencia?