miércoles, 16 de enero de 2008

La dictadura de la Intolerancia



Pbro. Dr. José Juan García

Paolo Mieli, director del prestigioso diario italiano “Corriere della Sera”, ha declarado recientemente que este año 2008 en Europa empieza mal. ¿Por qué razón? Porque la Universidad de La Sapienza, que fuera fundada en 1303 por un papa, Bonifacio VIII, ha conocido una campaña contra la posibilidad de que el Papa Benedicto pueda brindar el discurso de apertura del año académico y de celebración de los 705 años de su rica historia académica.
Días atrás, el rector de la Universidad La Sapienza de Roma, Renato Guarini, y su Consejo Superior, ha querido invitar al Papa, haciendo honor a sí misma y al ilustre huésped, para que tome la palabra de erudito y académico, y así dar brillo a las celebraciones de largos siglos de academia. Pero sucedió algo insólito: unos pocos alumnos y 67 profesores han orquestado una campaña –enviando una carta de rechazo al rector- contra el derecho de hablar del obispo de Roma en ese ateneo romano, cosa que debía suceder el jueves 17 de enero de 2008.
El dolor de esta campaña ha llegado al corazón del Papa: ha decidido no asistir, discurso en mano preparado, al acto académico. Enviará de todos modos el discurso, que esta vez será leído con más atención por todo el mundo, provocando seguramente un efecto contrario al que se buscaba. Un grupúsculo de jóvenes ha logrado en parte, su objetivo: hacer de la Universidad un lugar de intolerancia, de la no-palabra, de la no-escucha, del no diálogo y por ende, de la no-libertad.
La intolerancia, en épocas de diálogo y comunión, de globalización y multiculturalidad, se ha adueñado torpemente de esas aulas. Es la intolerancia o dictadura del pensamiento único, de quienes no escuchan ni aceptan otra versión de las cosas que la que ellos poseen, sin animarse a escuchar y debatir.
Han hecho un juicio sumario, breve y sin defensa, a un teólogo europeo de primera línea. Esto ya era una razón suficiente para asistir a la “lectio brevis” papal. Pero pudo más el fanatismo, que es la actitud voluntarista ciega y frenética de quienes en lo intelectual están afectados del virus del fundamentalismo, o sea, dejarse llevar por prejuicios y no escuchar siquiera a quien puede arrojar luz sobre los variados y complejos problemas de la cultura contemporánea.
Sin dudas, en el telón de fondo está –entre otras realidades- la “lectio magistralis” de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, hace casi dos años atrás, reduciendo su lectura a una reflexión anti- islámica. Nada de eso figuraba en as intenciones ni en los contenidos del discurso académico, que ante todo era una reflexión sobre la imposibilidad de congeniar lugares teológicos con la violencia. Y todo sabemos que nadie, en aras de una filosofía o de una religión, puede animar a grupos humanos a la violencia armada. “La violencia no es cristiana ni evangélica” decía Pablo VI.
Un argumento esbozado por los 67 docentes es que Joseph Ratzinger, si viviera hoy Galileo, lo condenaría otra vez. Nada más lejos de la actitud del Papa, quien siendo cardenal, encendió un cirio y pidió perdón con Juan Pablo II, con ocasión de jubileo del año 2000, por los errores de la intolerancia de la Iglesia en otros siglos pasados, en el servicio a la verdad. Y en una conferencia en La Sapienza en 1990, Ratzinger defendió la figura de Galileo, tal como lo recuerda ayer el matemático de orígen judío Giorgio Israel. El mismo Presidente de Italia, Napolitano, ha escrito una carta de dolor al Papa, por esta nueva astucia del mal.
¿Ha vuelto el espíritu del mayo francés del ´68? Pareciera que en algunas mentes sí, pero no alzando la bandera de la “imaginación al poder”, sino esta vez del “pensamiento único”.
Los intolerantes olvidan que la palabra “Universidad” significa lugar donde lo diverso se hace verdad. Escuchar al otro, entenderlo, apreciar sus horizontes de pensamiento y acción, mirarlo con ojos y corazón positivos, es todo un ejercicio de buena voluntad y de aguda inteligencia.